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Mujeres “frígidas e histéricas”, inventos del coitocentrismo

Clítoris y punto G

La sexualidad de mujeres y hombres es muy diversa, no se puede hablar de un único modelo en singular. Influyen factores biológicos, psicológicos y culturales. Por supuesto que es importante la identidad y la orientación sexual. Sin embargo, tradicionalmente se ha extendido un modelo masculino y heterosexual muy concreto de sexualidad, centrado en la penetración, denominado coitocentrismo. Dos ejemplos relacionados son la historia de los términos “histeria” y “frigidez”.

La palabra histeria tiene su origen etimológico en el griego “útero”.  Se diagnosticaba hasta mediados del siglo XIX a mujeres que presentaban síntomas de irritabilidad. Lo curioso es que para su curación se recomendaban masajes pélvicos. Éstos cada vez fueron modernizándose más y requiriendo de aparatos que se consideran los predecesores de los vibradores modernos.  En otras ocasiones se recurría a la hidroterapia o los lavados vaginales a chorro. En los relatos encontrados, se detalla como muchas mujeres llegaban a tener “espasmos y temblores” en los que liberaban dicha histeria (paroxismo histérico).  Aunque se relacionaba la disfunción con la insatisfacción sexual, el paroxismo (desde una visión coitocéntrica) no era considerado un orgasmo, puesto que no intervenía la penetración. Pese a que eran médicos varones en su mayoría quienes realizaban esta práctica, se desvinculaba del placer sexual.  Desde esta misma visión, fue más polémica la introducción del espéculo para la observación de los genitales, lo que sí podía ser visto como una práctica sexual.

Por otro lado, Freud calificó como “frígidas e inmaduras” a las mujeres que no llegaban al orgasmo con la penetración.  Esta visión respondía a un psicoanálisis sesgado desde el punto de vista de un varón heterosexual de aquella época,  que entendía que las mujeres sólo podían obtener placer con el coito de su esposo, negando la posibilidad de otras prácticas.  

Sin embargo, tras estudios como los de Alfred Kinsley o Shere Hite en Estados Unidos se demostró que las mujeres mayoritariamente alcanzaban el clímax con la estimulación del clítoris.  

Este descubrimiento contradijo la definición de frigidez  de Freud (un término que hoy en día se considera despectivo) y revolucionó la sexualidad femenina.  No deja de ser simbólica la ablación del clítoris como muestra de dominio masculino y negación del placer de las mujeres.

El clítoris no es sólo “la copa del árbol” que vemos en la parte superior de los labios de la vulva. Esta zona es el glande del clítoris, ya que este se extiende por los labios internos y dentro de la vagina llegando a alcanzar varios centímetros. Tiene 8.000 fibras de tejido nervioso e interactúa en eje con el denominado “Punto G”.

El punto G suscita gran polémica precisamente porque a las mujeres les ha costado mucho separar su sexualidad de la penetración.  Aunque muchas mujeres puedan sentir placer con la penetración, podría ser también por la estimulación de este punto, es decir, por el contacto con otra zona más del clítoris. El punto G es una zona rugosa de tejido eréctil, con forma de guisante, situado a 3-5 centímetros en la cara interna de la vagina. Para encontrarlo se recomienda introducir uno o dos dedos mirando hacia el estómago y realizar movimientos circulares.  

En cualquier caso, no se trata de diferenciar orgasmos vaginales o clitorianos, sino diferentes formas de llegar al clímax. También se puede llegar al orgasmo con las fantasías, con el sexo oral, acariciando las zonas erógenas, etc. No olvidemos que en la piel hay miles de terminaciones nerviosas y que el cerebro es el encargado de interpretar las señales de lo que nos parece erótico y lo que no. Es nuestro principal órgano sexual, sin el cual, definitivamente, no sería posible el ciclo de respuesta sexual.

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