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Prohibir el aborto reduce su práctica. Mitos

En lugares donde se penaliza el aborto lo que crece es el número de prácticas inseguras y clandestinas, así como las muertes de las mujeres que se someten a ellas.  Lo ideal es que estas legislaciones se complementen con medidas de educación sexual y garantías de acceso a métodos anticonceptivos, como suele ocurrir. Si no, no siempre disminuye la interrupción legal del embarazo porque legalizarla también supone registrar los casos.

Por ejemplo, la tasa de abortos en USA ha venido descendiendo desde que se despenalizó en 1973. En el otro extremo, en Rumania, durante el régimen de Ceaucescu, que lo prohibió para menores de 45 con menos de 5 hijos (y aún con vigilancia de la policía secreta), los índices de aborto y mortalidad materna relacionada, fueron los más altos en Europa.

Además, en los países con leyes de plazos, las mujeres prefieren abortar en las primeras semanas. En España, todos los años alrededor del 90% aborta en las primeras 12 semanas de gestación (cuando la ley permite hasta las semana 14).  El resto de los casos suelen deberse a malformaciones fetales graves o riesgo para la vida de la madre.

Abortar produce traumas

Las mujeres somos muy diversas y cada cual vivencia el proceso de una forma particular.  Algunas lo viven simplemente como una intervención quirúrgica, instrumental o farmacológica más y otras sí necesitan un proceso posterior de adaptación.  Depende de muchos factores. Uno de los que más puede determinar cómo se asumirá la interrupción voluntaria del embarazo es lo estigmatizada que esté en su entorno, los mensajes de condena social que hayamos recibido sobre el hecho de abortar. También nos puede influir en cómo elaboremos dicha experiencia: la historia personal en la que nos hayan socializado sobre la maternidad, nuestras creencias espirituales, en qué condiciones se ha producido el embarazo y la propia interrupción del embarazo, etc. Lo que sí es cierto es que no está recogido como síndrome traumático en el Manual Diagnóstico de Trastornos Mentales que usan profesionales de psicología como referencia, no cumple los requisitos  ni en cuanto a síntomas ni en cuanto a número de casos.  Un reciente estudio realizado en Dinamarca sobre 365.000 mujeres, demostró que ninguna presentaba daños psicológicos. Y no menos cierto es que lo que sí crea un trauma es no poder abortar cuando no se desea continuar con el embarazo.

Las mujeres que abortan es porque nunca han sido madres

Otro de los mitos, asociado a la “mística de la maternidad”, es que las mujeres que ya han sido madres jamás abortarían. Esto no es cierto porque las estadísticas de muchos países, algunas de las cuales aporta el Instituto Guttmacher, arrojan que la mayoría de las personas que abortan ya han tenido, al menos, un hijo o hija. Los motivos son variados: no poder permitírselo económicamente, suponer un cambio en su plan de vida (profesional, personal), por edad, modelo de familia, etc.

El aborto es un proceso largo y doloroso.  

En la mayoría de los casos, el proceso de interrupción legal del embarazo es ambulatorio, no requiere ingreso y la mujer puede elegir el tipo de anestesia/sedación. Dentro de las primeras semanas (hasta las 7, normalmente), se puede optar por las pastillas para abortar, que no requieren cirugía (sí receta y supervisión médica) y además existe el aborto instrumental. Lo habitual es poder continuar con la vida normal (trabajo y otras responsabilidades) el día siguiente. Por supuesto que puede haber molestias, pero para ello el equipo médico recetará la medicación correspondiente y realizará un seguimiento.

La anticoncepción de emergencia es abortiva

La  conocida como “píldora del día después” o anticoncepción de emergencia son realidad dos fármacos distintos,  uno es eficaz hasta las 72 horas y otro hasta máximo en los cinco días posteriores (Acetato de ulipristal), pero en ambos casos la máxima eficacia es dentro de las primeras 24 horas. Los mecanismos principales son impedir o retrasar la ovulación, la fertilización y, en último caso,  espesar el moco cervical. Es difícil que se produzca la fecundación y en los raros casos que se produce, el óvulo fecundado no  puede anidar en el útero. De hecho, esta medicación ya no actúa cuando se ha producido la implantación, por eso no puede producirse un aborto.

Las jóvenes usan el aborto como método anticonceptivo

Según un informe de ACAI (Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del embarazo) de 2012, cuando la ley permitía a las jóvenes de 16 y 17 años abortar sin permiso de progenitores, apenas un 3,23% de los abortos correspondieron a esta edad. Sólo el 13% dentro de esta franja no pudo informar a su familia o tutores legales (por razones de desamparo, padres en prisión, abusos, etc.). Tengamos en cuenta que en muchos casos no es por irresponsabilidad, sino que ningún anticonceptivo es seguro al 100%. Por otro lado,  a menor edad menor educación sexual sobre los mismos, menor conocimiento del cuerpo, más menstruaciones irregulares, etc.

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